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SOCIEDAD, CULTURA, TURISMO: IMPULSAR UN AZUL MÁS INTENSO

(Edelmiro Menchaca Bernárdez)

A pesar de que una vez me acusaron de “no ser azuleño”, la actividad sociocultural de nuestra querida ciudad siempre me ha interesado y preocupado. Junto con las fuentes de  trabajo, de producción y que todos tengan las necesidades de salud y alimentación satisfechas, el fenómeno cultural y educativo me parece central porque, a mi entender, es la levadura del pan que necesitamos material y espiritualmente. De ahí me surgen pensamientos, sugerencias, preguntas, líneas de acción, que vinculan como factor de desarrollo SOCIEDAD, CULTURA Y TURISMO.

Esta nueva etapa que vive nuestro vapuleado país y un nuevo aniversario de la fundación de Azul, me motivó a publicar mi perspectiva si bien ya la expresado de otras maneras a lo largo del tiempo. A veces, se entienden como “críticas”, yo siento que es un deseo de no resignarme a lo que veo como falta de esfuerzo, de orgullo o rebeldía para ser mejores.

¿Qué nos impide a ser pro activos, a cuestionarnos, a discutir y comprometernos para generar un movimiento imparable y superador?

Todos decimos estar orgullosos de la actividad cultural local y nadie niega que tenemos por tradición y permanencia valores incalculables y potencialidades extraordinarias. Me permito una duda: ¿No nos estamos mirando al espejo engañoso que nos dice que fuimos y seguimos siendo los más lindos?

Generalmente detenerse es retroceder porque los demás avanzan. Mirar para afuera y desde afuera nos daría más perspectiva para abrir la cabeza.

Una herencia conservadora nos ha legado un rico patrimonio que sin renegar de ella tendríamos que transformarla con aportes evolutivos de acuerdo a los tiempos para no sólo mantenerla sino para enriquecerla, abrirla, ampliarla.

Desde hace mucho ostentamos el título de Azul Ciudad Cervantina. Este proyecto que es muy importante y que se ha sostenido oficialmente con más o menos aciertos se enfoca en un festival que además de algún artista de convocatoria masiva acumula propuestas, muchas excelentes,  sin un claro enfoque de destino y destinatarios. Imposible en pocas palabras hacer  un análisis exhaustivo que sería más propio del debate participativo que de mi propia mirada pero  lo que me parece claro es que el proyecto de ciudad debe ser algo más que un cúmulo de actividades que no alcanza a atraer público foráneo. Si queremos defender el honor de este título  más que un slogan de muestrario deberíamos proponernos un objetivo social anual, simple, claro, participativo, popular y trabajar en él. Además de la fiesta que está muy bien sería primordial avanzar en una concreción que nos distinga como ciudad. Por compartir algunas de mis ocurrencias, me parecería maravilloso que un año Azul se destaque por la ciudad que más árboles plantó, la que trata la basura cada vez más eficientemente, tiene el arroyo transparente y espacios inundados de flores, naranjos y jacarandás, la ciudad que no tiene perritos sueltos en sus calles, la de las veredas y frentes impecables, la que se destaca por su total y eficiente señalización, con rampas y cuidado de niños, ancianos y discapacitados, la del tráfico ordenado y respeto a las normas de convivencia donde la seguridad, el saludo y la cordialidad sea un sello, donde el pulular de jardines, huertas y gallineros sean centro de interés en instituciones de niños y ancianos…

Desde el nivel oficial, privado e independiente hay un abanico de múltiples manifestaciones que se sostienen en el tiempo. A modo de ejemplo contamos con el Azul Rock, el Pre Cosquín, Fiesta de los Inmigrantes y las Colectividades, Azul te Abriga, Pullu Calel, Salón Nacional de Pintura, sede del Festival de Tango, la Fiesta de los Artesanos, la Presentación de Trajes de los Estudiantes, el Certamen Literario, las presentaciones de espectáculos en el teatro Español y salas independientes, los Institutos de Danza, Arte de Noche…

¿Cómo hacemos para incentivarlos y que cada edición se supere a sí misma? No basta con “cumplir” manteniéndolos más desde la inercia que procurando su trascendencia a través de la profundización de sus contenidos.

Estas acciones tienen una fuerte relación con un trabajo sobre turismo cuyo concepto en la ciudad aparece a mi criterio diluido. Conectar eventos con la difusión de nuestra arquitectura, paseos, museos y espacios de cultura, gastronomía, hotelería, divertimento, compra de artesanías y productos locales es un combo que merece atención.

¿No tendríamos que enfocarnos en “sacarle jugo” a otros bienes tangibles e intangibles  cuyas promociones se desdibujan según el momento? ¿Cómo instalamos la Boca de las Sierras sin al menos poner un cartel indicador cuando de la ruta 226 ingresamos a la 80? ¿No tendríamos que erigirnos como centro provincial de la arquitectura salamónica? ¿Es explotada y cuidada la calle Bolívar o la costanera? ¿No podemos retomar la senda de ser una ciudad cuna de la expresión titiritera? ¿Cómo promovemos el cine, la literatura, nuestras raíces aborígenes y criollas? ¿Cómo orientamos ese magnífico Centro Cultural San Martín sin recurrir a proyectos faraónicos que terminan fagocitados por la escasez de recursos económicos?

Ninguna comunidad elige lo que le gustaría tener. Sería lindo contar con un mar a la vera pero no lo tenemos. Entonces, sencillamente se trata de mirar lo que tenemos y sacarle lustre. Pagamos en otros lugares un ticket para curiosear en prisiones, lugares de asesinatos, museos de cera, elementos de tortura… Por qué desdeñamos el interés que suscita el caso Mateo Banks. ¿No se podría recuperar la casa que fue su domicilio y convertirla en un polo de interés que varios estudiosos e historiadores locales podrían encontrarle un enfoque atrayente? ¿El cementerio no aplicaría como lugar de interés más allá de la fachada? Por otra parte contamos con el Museo del Libro Carlos Gardel que tiene reconocimiento internacional y se sostiene privadamente a riesgo de que Azul lo pierda.

Sabemos que la mayoría de las pérdidas no se recuperan. Hay un momento en que autoridades y comunidad deben erigirse en custodios y defensores para que luego no sea demasiado tarde.

Hay muchísimo más que he omitido por falta de espacio o de inteligencia. Estoy convencido que nada es fácil y no hay recetas pero existen miles de pequeñas acciones para dar un pasito cada día. Obviamente tiene que haber una política y una planificación al respecto. Los funcionarios correspondientes tienen la mayor responsabilidad. Hay mucha inquietud independiente que a veces sólo espera un poco de atención y contención en la tarea, sin invadir y respetando su independencia. Por otra parte el estado tiene que asumir y cubrir los baches existentes. Es hora de pensar e intentar que nuestra ciudad no tenga un color desteñido por el desinterés, el propio confort y la falta de compromiso. ¿Podemos dejar de lado los prejuicios e individualismos  acentuados por una mentalidad pueblerina y separatista? ¿Podemos trabajar incansablemente para sincerarnos, promover, convocar, participar, alentar, unir objetivos? ¿Podemos debatir constructivamente arriesgando en pos del interés comunitario para que Azul tenga cada día un color más intenso? Se trata sobre todo de que el proyecto de Ciudad Cervantina sea un desafío de construcción social.

 

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